
Hace unos cuantos días recibí a un grupo de madres de familia en el Colegio para una reunión. Después de tratar los asuntos que nos habían convocado, el café y las galletitas del colegio (que, definitivamente, "algo" tienen) nos pusimos filosóficos, y nos enfrascamos en una serie de pequeñas conversaciones sobre la vida escolar de sus hijos (de ellas, no los de usted).Inevitablemente salió a colación el viejo tema de los trabajos en equipo. Que si pa' qué sirven, que si es bien complicado, que si mejor hagan bola en el colegio y los dejen descansar en sus casitas... En fin, que siempre es un problema reunir a los chicos para realizar alguna actividad de aprendizaje, aunque todos le reconozcan algún valor.La primera reflexión que me viene siempre a la cabeza, es que como docentes no hemos hecho lo suficiente para que los chicos aprendan a realizar estos trabajos. Y creo que ahí está el error. Como yo, muchos docentes imaginan que el trabajo en equipo es un fin en sí mismo, cuando en realidad lo que es un fin es el aprendizaje de los alumnos. Me explico: no deberíamos dejar trabajos en equipo para rellenar una parte del programa, para dejar de hablar en clase, y ni siquiera para "darle" variedad a la materia. El objetivo de toda actividad de enseñanza es el aprendizaje. Y los trabajos grupales no son la excepción.Pero una cosa es enseñar a los chicos a montar una línea de producción para hacer tareas, y otra muy distinta es que obtengan aprendizajes de la experiencia. Por lo menos en la secundaria suele suceder que los chicos se distribuyen más o menos equitativamente el trabajo (según estándares que confirman totalmente la teoría de la selección natural... el más grandote de todos suele engrapar el trabajo al final, mientras que el más flacucho es el encargado de investigar y juntar todo el material).No basta, creo yo, instalar una dinámica de cooperación para que el aprendizaje de los chavitos sea realmente significativo. Para alcanzar este sueño, es importantísimo que los alumnos vayan logrando la autonomía necesaria para realizar mentalmente una ruta crítica que les permita llegar individualmente a cierto grado de conocimiento. A partir de ahí, el sueño dorado es que los chicos comenzaran a intercambiar sus descubrimientos, y luego a construir un conocimiento más amplio, más útil, más complejo y más apasionante. Aquí, entonces, estaríamos hablando de aprendizaje colaborativo. Pero para esto, hay que acompañar muy bien los procesos de aprendizaje cooperativo, con equipos más dirigidos por los docentes.No vaya a pasar lo que una de estas señoras me contaba. Resulta que un equipo de varoncitos se reunió, a instancia suya, en su casa. Pudo constatar que mientras uno de los chicos se dedicaba tímidamente a revisar un par de páginas en tutarearegalada.com, otros dos jugaban en el Wii, su hijo oía música en el I-Pod, y otro más se sacaba los mocos (si no lo hacía, entonces estaba dándose un masaje cerebral interno que sería la envidia de varios neurocirujanos...) No, así ni cooperativo, ni trabajo, ni nada...

